Un pequeño paso contra la injusticia, una gran victoria para Obdulia

Sólo eramos 11 personas las que acompañabamos ayer a Obdulia en la concentración frente al banco Santander. Cuando se levantó del banco en el que esperaba se la veía tan pequeña, tan indefensa, que por un momento sentí ganas de llorar. ¿Cómo iba a enfrentarse esa anciana de 73 años a los todopoderosos mercados? En ese momento pensé que eramos muy poca escolta para una misión tan grande y que poco ibamos a poder hacer excepto estar a su lado.

Obdulia se colocó frente a los medios, acompañada por su abogada y por Marta, la coordinadora de Stop Desahucios Bizkaia. Casi había más periodistas que personas concentradas. Obdulia contestó a las preguntas con lágrimas en los ojos. No tenía donde ir, no tenía un duro ahorrado… El día 26 de Marzo el Banco Santander iba a echarla de su casa de Llodio, su hogar de toda la vida, y dejarla en la calle y, por el momento, todos los intentos de negociación con ellos habían resultado inutiles.

Tras hablar con los periodistas, Obdulia se dirigió al banco, acompañada de un pequeño grupo, mientras los demás esperabamos fuera. Caminaba con dificultad, con pasos pequeños y cansados. Me pareció diminuta en comparación con las altas escaleras y la imponente fachada de la entidad bancaria.

El grupo desapareció dentro del edificio. Unos minutos después su hijo volvió a la concentración. Sólo habían dejado que pasasen tres personas (Obdulia, Marta y su abogada), así que le tocaba esperar fuera. Mientras esperabamos, estuvimos hablando sobre lo injustas que eran aquellas situaciones, sobre la búsqueda de posibles soluciones, sobre los próximos recortes, sobre lo negro que parece el futuro… El hijo de Obdulia callaba de vez en cuando y su mirada parecía perdida. ¿Quién sabe lo que puede pasar por la cabeza de un hombre cuando todas las puertas se cierran, cuando no encuentras ninguna solución, cuando todas las administraciones públicas te dicen que no hay ayuda posible?

Las negociaciones se alargaban y empezamos a concebir esperanzas. No se tarda mucho tiempo en decirle a una persona que no hay nada que hacer. Al de una hora Marta salió del banco, levantando los pulgares. Lo habíamos conseguido. El banco había aceptado paralizar de forma definitiva el desahucio e iniciar una negociación para buscar una solución.

Minutos después llegó Obdulia, apoyada en el brazo de su abogada. La aplaudimos, felicitamos y besamos como si acabara de ganar Eurovision. Ella no se lo acababa de creer. Seguía llorando mientras nos decía que ya no iba a tener que sacar sus cosas de su casa.

Cuando me marche de la concentración seguía pensando lo mismo que cuando llegué. Sólo eramos 11 personas para ayudar a Obdulia. Muy pocos soldados para esa batalla y, sin embargo, habíamos ganado. Y empecé a echar cuentas: ¿Qué podríamos conseguir si nos juntasemos 100? ¿Y si nos juntasemos mil? ¿Cuántas cosas podríamos cambiar si nos juntasemos TODOS?

Aquí podéis ver el video de la noticia

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